Detrás de las puertas del histórico Museo de la Victoria de la ciudad de Encarnación existe una historia que conmueve y que pone en evidencia una difícil realidad: Doris Cabrera lleva aproximadamente dos años trabajando sin percibir su salario.
Según los datos proporcionados, la deuda acumulada ya rondaría los G. 60 millones, una cifra que representa dos años de esfuerzo, compromiso y sacrificio sin recibir la remuneración que le corresponde por su trabajo.

A pesar de esta situación, Doris continúa cumpliendo diariamente con su función, atendiendo a los visitantes que llegan al museo, entre ellos turistas extranjeros, encarnacenos y personas provenientes de distintos puntos de Itapúa.
Pero sostener esta situación durante tanto tiempo comienza a pasarle factura. Las dificultades económicas se hicieron cada vez más fuertes, al punto de que analiza la posibilidad de reducir su carga horaria en la institución.
Lo más doloroso es que, hasta el momento, no existiría una propuesta concreta de solución por parte de la Municipalidad de Encarnación, institución de la cual depende el museo.
El Museo de la Victoria no es solamente un edificio. Es un espacio donde generaciones pueden acercarse a la historia del Paraguay y conocer, a través de sus objetos y elementos históricos, parte del pasado de nuestro país.

Mientras cientos de visitantes llegan para conocer esa historia, Doris escribe silenciosamente otra historia dentro del museo: la de una trabajadora que durante dos años siguió cumpliendo con su deber, aun cuando su propio sustento económico estaba en juego.
Dos años trabajando. Dos años esperando. Dos años sin cobrar. La pregunta queda flotando: ¿quién cuida a quienes todos los días se encargan de cuidar nuestra historia?


