Con los inventarios de combustible casi extinguidos y una presión cada vez más fuerte por parte de Estados Unidos, Cuba está lista para entrar en estado de hibernación energética.
Según reportes internacionales, los apagones se han convertido en una especie de nueva normalidad en la isla, donde se improvisan braseros con viejos tambores de lavadoras, se planifican jornadas de teletrabajo y se arrancan puertas de madera para cocinar.

Cada pequeño aspecto de la vida cotidiana en la isla ha quedado trastocado. Solanda Oña, una vendedora de libros de 64 años, le contó a la agencia AP que el 5 de febrero tuvo que quedarse a pasar la noche en un restaurante cerca de su puesto en un distrito costero, porque el autobús en el que suele ir a su casa en un barrio del centro de La Habana simplemente no pasó.
«Estoy muy preocupada. Antes, las cosas siempre eran difíciles. Pero siempre había un autobús. Una forma de volver a casa. Ahora, no hay ninguna», lamentó Oña, que como muchos otros cubanos se pregunta qué más puede sacrificar.
«Todo el mundo sabe lo que viene ahora. No tenemos combustible en el país, hay que tomar alternativas», le dijo a AFP Niurbis Lamothe, una empleada pública de 53 años que compraba una cocina artesanal de carbón.
Aun así, Yurisnel Agosto, un vendedor que ofrece bolsas de carbón a la orilla de una carretera en La Habana, comentó que “nunca había vendido tanto”, ni siquiera cuando reservaba su producto para pizzerías y restaurantes de carne a la brasa. «La gente viene y compra tres sacos para prepararse para cuando no haya electricidad», apuntó.

