El ministro de Defensa, Óscar González, confirmó que el grupo armado ya opera en alianza directa con estructuras del narcotráfico, con financiamiento, logística y protección territorial, mientras continúa sin prueba de vida el joven secuestrado Almir de Brum y crece la alerta por una nueva escalada de violencia en el norte del país.
El ministro Óscar González reconoció que el grupo armado ya opera integrado al narcotráfico, sin ideología y con respaldo logístico de redes criminales. Mientras no hay prueba de vida del secuestrado, las Fuerzas Armadas se mantienen en alerta ante posibles represalias y un recrudecimiento de la violencia.
La reaparición del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo ya no se discute en términos de sospechas o hipótesis. El propio ministro de Defensa Nacional, general en situación de retiro Óscar González, confirmó que el grupo no solo sigue activo, sino que actualmente funciona en una alianza directa con estructuras del narcotráfico, configurando una amenaza mucho más compleja y peligrosa para la seguridad interna.

Según explicó, el EPP dejó atrás cualquier discurso ideológico y pasó a convertirse en un engranaje dentro de la economía criminal. Hoy, sus integrantes operan como parte de un esquema vinculado a la protección de cultivos de marihuana y al sostenimiento de redes del narcotráfico, lo que les permite acceder a financiamiento, logística y cobertura territorial.
Una alianza que redefine el conflicto
El diagnóstico del Ministerio de Defensa es contundente: existe una «certeza técnica» de que el EPP actúa en confabulación logística con organizaciones narco. Esta integración no es marginal ni circunstancial, sino estructural.
De acuerdo con los datos manejados por inteligencia militar, las organizaciones criminales proveen a las células remanentes del EPP recursos operativos, movilidad y sustento financiero, insertándolas dentro de una red delictiva transnacional. En términos prácticos, el grupo armado dejó de ser una organización insurgente para convertirse en un actor funcional al narcotráfico.
Este cambio modifica completamente la naturaleza del conflicto: ya no se trata de un grupo aislado con motivaciones políticas, sino de una estructura híbrida que combina terrorismo, crimen organizado y control territorial en zonas rurales.

